En Asturias hay un pequeño pueblo llamado Arriondas que esconde un remanso de felicidad en uno de sus barrios situados en plena montaña. Es aquí donde se ubica el restaurante Casa Marcial que pretende ser el protagonista de las siguientes líneas. 

Uno no siempre tiene la oportunidad de acudir a un sitio como éste, un lugar realmente bien valorado por aquellos que se lo pasan bien alrededor de una mesa, por lo que tengo que reconocer que acudí algo nervioso a la cita, incluso con mariposillas en el estómago. Llevaba varios días disfrutando de la montaña asturiana. Las caminatas de varias horas y el limitado espacio en mi mochila hicieron que tuviera que dedicar gran parte de su interior al equipo fotográfico en detrimento de algo más de comida. Por lo que me planté allí con el apetito bien ejercitado pero, sobre todo, con ganas de pasármelo muy bien.

Cuando uno acude a un sitio como éste, que ha sido condecorado con más de una estrella Michelín siempre me ocurre lo mismo, que no sé muy bien como comportarme y me da la sensación de estar comiendo al lado de la Reina de Inglaterra. No porque el ambiente sea muy 'snob' sino porque me siento como Oliver Twist comiendo en la mesa de algún Zar ruso, no es el protocolo al que estoy habituado y me siento algo fuera de mi habitat. Como si no fuera digno. No obstante, he de reconocer que algo del lugar transmite una calidez poco habitual que es muy bienvenida. Al entrar observo una reunión familiar, probablemente de los dueños o de parte de sus familiares que me saludan como si fuera a desayunar allí todos los días. Es una simple anécdota, pero me resultó un gesto simpático.

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El restaurante consta de dos pisos. Al entrar me invitan a esperar en el salón situado en el piso de abajo mientras preparan la mesa y me invitan a un aperitivo. Una vez allí, confirman cuál es el menú escogido para iniciar los preparativos. Mi visita se produjo en Julio del 2020, momento en el que se ofrecían dos menús de degustación. Ya que venía con hambre, me decanté por el más largo al que pusieron el siguiente nombre: Mejor al revés '20.

El nombre puede pasar desapercibido pero tiene su razón de ser, luego explicaré el motivo (clickbait de manual).

El aperitivo es el primer contacto con lo que nos vamos a encontrar más adelante y se compone de:

Sandía, Kalamata y Albahaca

Aguacate asturiano, Codium y Perejil

Vino de Verano

Que podéis observar a continuación:

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El aperitivo dura en mi mesa un suspiro y eso que la cámara me obliga a tomarme mi tiempo, de lo contrario es probable que hubiera engullido hasta los cubiertos. La ascensión al pico Urriellu del día anterior estaba haciendo su efecto. Todo estaba rico y muy fresco, me sorprendió el sabor de la sandía, una fruta que no me entusiasma y que sin embargo me pareció un acierto combinar con la kalamata y la albahaca. La bebida era una kombucha de sidra dulce. No soy muy aficionado a los maridajes y suelo preferir comer con agua, no obstante, he de reconocer que si dejan la botella por allí, ella y yo hubiéramos hecho buenas migas.

Al cabo de un rato me indican que mi mesa está lista y me acompañan al piso de arriba.

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Una vez allí, me indican el menú que se compone de las siguientes entradas:

Pitu Caleya al Estilo de mi Madre

Cresta de Maíz con sus Menudillos

Moros y Cristianos: Calamar y Mole

Jugo de Maíz y Azafrán, Fabes, Patata y Perfume de Chorizo

Callos cocinados en Pieles de Bacalao y Garbanzos de Árbol

Navaja en conserva de Algas, Tendón de Vaca y Caviar

Corte de pescado del día

Chuletón del mar cantábrico

Alcachofa cocinada en Caldo de Almejas

Almeja Fina, Refrito y Algas

Croqueta de Jamón

Cuajada de Apio, Jugo de Pepino, Algas

Besos del Rey Silo

Verano 2020

Leche y pasto

Limón a la crema, aceite de hierbas y rúcula


Dicho esto, creo que no hace falta extenderse más en la presentación y podemos pasar directamente a disfrutar del menú.

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Empezamos fuerte. Aquí os muestro uno de los platos característicos de este lugar, el arroz con pitu caleya. Si no sabéis lo que es el pitu caleya os encontráis en la misma situación que yo cinco segundos antes de meterme esta delicia en la boca. En Asturias, se conoce como pitu de caleya a los pollos de raza autóctona que se crían sin la necesidad de utilizar piensos. Es decir, se crían comiendo lo que encuentran por ahí, lombrices, maíz, semillas, cereales, etc. Suelen ser pollos algo más grandes que los criados en granja llegando a pesar varios kg de peso. A mí me gusta esta carne porque cuando el ave es algo más salvaje la carne tiene una textura algo distinta, más tersa (que no dura), como si compararas la de un pollo atleta con uno sedentario. Muy sabroso.

No será la última vez que sepamos del pitu ya que justo a continuación se sirve una tosta de maíz con forma de cresta en la que se sirve un paté realizado con los menudillos del pollo. Los menuillos se componen de las vísceras comestibles de un ave. Otro rico bocado de dura un visto y no visto.


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La siguiente entrada es uno de esos platos que sorprende por su sabor y su presentación. Es uno de esos que el servicio de sala aprovecha para jugar a las adivinanzas con los comensales, retándoles a tratar de adivinar de qué se compone. Y es que a pesar de que la apariencia recuerda a un arroz con leche, lo que tenemos delante es un guiso de calamar, cuya textura y presentación emulan la del arroz. Al hablar de calamar uno podría echar en falta su tinta, pero ésta la encontramos por encima en forma de salsa y mezclada con mole. Éste es uno de esos platos que entra por los ojos y te deja ese sonrisa tonta cuando te lo quitan mientras te relames como un gato.

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Y para acabar esta primera fase del menú, tenemos un guiso de jugo de máiz y azafrán con fabes, patata y perfume de chorizo. Las fabes parecen diseñadas por ordenador como si alguien que se dedica a buscar pepitas de oro las hubiera elegido una a una. El jugo es muy concentrado y tiene mucho sabor, que aún se ve más potenciado por el perfume de chorizo. Desconozco el cómo, pero han conseguido inocular el sabor que deja el chorizo sin tener que utilizar toda la grasa que suelta, lo cual es bastante más saludable y en estos tiempo de comida Instagram friendly seguro que se agradece. A mí esto último me da bastante igual, la verdad, lo que me importa es que esté rico y lo estaba.

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Bien, pues tiempo para pasar a la siguiente etapa del menú. Si os gusta el colágeno y las texturas gelatinosas estáis de enhorabuena. Si no es así, creo que éste puede ser un gran momento para iniciarse. El primer pase de esta etapa se compone de callos cocinados con piel de bacalao, que entiendo es una interpretación de eso que se llama mar y montaña que además se presenta junto a un par de garbanzos de árbol, que en realidad son avellanas. Lo podéis ver a continuación.

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El único problema que le veo al callo es que se trata de la antesala de uno de los platos que más me gustaron del menú: la navaja en conserva de alga y kombucha con tendón de vaca. Una locura de plato. Aquí jugaron un poco sucio (sin saberlo) y es que me encantan las navajas, podría comerlas cada día. Por lo que servirme esto es como tirar a tablero, juegas sobre seguro. Pero os aseguro que me dio pena acabármelo. 

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Me considero una persona con curiosidad, así que cuando acudo a un sitio como éste acabo preguntando un montón de cosas al servicio. Desconozco si esto es algo que valoran positivamente por ver que hay alguien que pone interés, o contestan educadamente a la pregunta mientras piensan - calla pesao. Imagino que me quedaré con la duda. Recuerdo que mientras estaba allí pregunté qué era la kombucha. También recuerdo que me lo explicaron. Y ahí se acaban mis recuerdos ya que no me acuerdo de nada más y lo he tenido que volver a mirar. Soy como los elefantes, aprendo despacio y olvido rápido. La kombucha (o té kombucha) es una bebida fermentada a base de té endulzado por la acción de una colonia de aspecto gelatinoso compueta por microorganismos como hongos, levaduras o bacterias. Ni qué decir que la primera vez que oía la palabra fue estando allí. Que no se diga que uno no puede comer y aprender al mismo tiempo.

Tiempo para la siguiente fase del menú que arranca con un plato cuya presentación es realmente llamativa. Y lo es desde el momento en que el servicio pone una cabeza de merluza enorme sobre tu mesa como si alguien quisiera rodar la versión anfibia del Padrino. Al principio uno no entiende muy bien de que va todo aquello hasta que uno observa como la misma persona que traía la cabeza comienza a trabajar sobre ella y cual orfebre, comienza a separar esos trozos de carne tan jugosa que se esconden entre la multitud de huesecillos que la conforman. ¿Una genialidad? Puede. Pero resulta llamativo que siendo algo tan simple no se le haya ocurrido a nadie antes. Una vez que el plato está servido dejan los huesos a tu disposición por si quieres recrearte, cosa que por supuesto haré. Os dejo a continuación un par de fotos, tanto de la cabeza para que veáis su aspecto, como del resultado final.

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Y llegamos a uno de los platos estrella del menú, uno de esos platos en los que no tienes que elegir si quieres más a mamá que a papá, porque los tiene a ambos. El plato recibe el nombre de chuletón del cantábrico y es una especie de mar y montaña que está pensado para que sueltes una lagrimilla de gusto cuando te lo metes a la boca. Pensad en como se enfrenta un adolescente a un buffet libre; su entorno le dice que coma con mesura mientras que sus papilas le indican que lo quiere todo. Bien, pues este plato lo tiene todo. Está elaborado a partir de ventresca de bonito, sardina, tuétano de vaca y caviar. Es probable que esto no puntúe muy bien en nutriscore, pero os aseguro que vais a disfrutar de su palatabilidad (sí, lo sé, me he puesto pedante) por un buen rato. También creo que al ser un plato tan graso puede llegar a cansar si se come en grandes cantidades, pero en este formato resulta un pequeño pecado del que poder disfrutar.

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Tras este pequeño orgasmo recobramos la senda del menú con algo de verde. Unas alcachofas cocinadas usando un caldo de almejas. Un plato rico que sirve para calmar un poco los ánimos tras la orgía que acabamos de celebrar. Y para cerrar el bloque tenemos una rica y hermosa almeja que se presenta en un formato realmente vistoso, sobre una cama de conchas dispuestas en espiral sobre la que descansa la que forma parte del menú. Ambos platos a continuación.

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Es hora de presentar la última parte del menú previa al postre. Esta parte comienza comienza con otro de esos bocados por los que debe ser conocido este restaurante: su croqueta. Esa que dicen que es una de las mejores de España. Yo no las he probado todas (aunque es algo que espero poder arreglar en lo que me queda de vida), pero ésta es realmente buena. La única pega es que solo te puedes comer una.

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Tras un bocado caliente, tiempo para uno frío, una cuajada de apio con jugo de pepino y algas. Aquí tengo que reconocer que sin querer torcí el morro un poco y es que el pepino es una de esas cosas cuyo sabor se me resiste. No tiene nada que ver con la elaboración o la calidad del plato y es simple preferencia personal. Cuando se repartió el gusto por el pepino yo me quedé dormido y reconozco que forma parte de la pequeña selección de alimentos que no son muy bienvenidos. Sin embargo, creo que el plato es una gran idea. Es realmente fresquito y después de la cantidad de pases que uno lleva encima creo que entra muy bien. Además la textura de la cuajada diluye un poco el sabor del pepino y hace que sea muy agradable. Yo no lo pude disfrutar tanto por lo ya comentado pero creo que es un plato que gustará a muchos.

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Y para cerrar la parte salada del menú algo que no podía faltar: un queso asturiano. Durante mi visita me dieron a probar un queso que por lo visto es muy especial y que además tiene nombre de novela histórica: Besos del Rey Silo. Este es un queso elaborado a partir de leche cruda de vaca cuyo sabor acaba de definirse gracias a mohos naturalesp enicilium y candidum (gracias Wikipedia). Es bastante jugoso y es una buena forma de poner fin a esta parte del menú.

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Si uno observa la secuencia de platos puede apreciar como los más contundentes se sirven al inicio para ir dejando paso, poco a poco, a bocados más frescos y de menor tamaño. Es aquí donde el nombre del menú 'Mejor al Revés' cobra sentido y se entiende el por qué. Es verdad que en menús tan largos donde el número de pases suele superar la decena, uno siempre comienza con ganas pero puede llegar bastante lleno al final, lo que supone haber perdido parte de ese apetito inicial y que uno no disfrute igual de los platos fuertes del menú. Por ello, Nacho Manzano y su equipo decidieron darle una vuelta al concepto de menú habitual cambiando su estructura y presentando los platos más fuertes al inicio para ir disminuyendo poco a poco la intensidad. De este modo, lo que se busca es acompañar al comensal y buscar una mejor coherencia entre su apetito y el tamaño de las raciones, presentando las más contundentes en el momento de mayor apetito y facilitarle algo la labor cuando éste decrece con porciones más pequeñas y platos más frescos. Es una cosa que parece muy obvia cuando te la cuentan, sin embargo, es la primera vez que lo veo aplicado y me pareció un acierto. Es una pena que uno no pueda disfrutar de todo lo que un menú como éste tiene que ofrecer, por lo que creo que puede ser una forma sencilla, pero ocurrente, de mejorar la experiencia del comensal que al final redunda en una mejor valoración del restaurante.

Tras este pequeño paréntesis es tiempo para finalizar el menú con los tres últimos platos. La transición entre la parte salada y la dulce comienza con un plato al que se le conoce como Verano 2020. Uno observa el plato y lo primero que le atrae son los colores, con un rojo realmente vistoso. Hay quien puede pensar que se trata de un plato sencillo y sin mucho misterio pero ¡ay! si todo el mundo fuera capaz de combinar los ingredientes con el acierto que lo hacen aquí. Son muchos los sabores que se dan la mano en este plato: sandia, tomate, frambuesa, arándanos fermentados, remolacha, alcaparras y pepinillos en vinagre, granizado de rábano raifort, frutos rojos, licuado de tomate, aceitunas kalamata y pimienta rosa. No está mal ¿verdad? Ya no parece tan sencillo. Pero lo mejor viene cuando uno lo prueba y degusta esa mezcla entre el sabor del tomate y la fruta. Muy fresco y muy rico. Uno de los platos que más me gustó del menú.

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Y ahora sí, la parte dulce. El primero de los postres es el conocido como leche y pasto que es un plato muy vistoso elaborado a partir de un helado de leche y un jugo de hierbas. Son varias las referencias que el menú hace a la tierra de donde nace y bebe. En este caso las referencias a los verdes prados asturianos y la leche que se obtiene de sus vacas tienen cabida aquí. Por último, para dar por finalizado el menú se presenta el limón a la crema, aceite de hierbas y rúcula. Dos grandes postres para terminar un menú de ensueño.

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Esto es lo que en principio da de sí el menú 'Mejor al Revés '20' de Casa Marcial. Sin embargo, Nacho y su equipo aún se guardan una última sorpresa y es que como me indicaron con una amable sonrisa - ¿Como te vas a ir de aquí sin probar el arroz con leche? - y qué razón tenían. Es un pecado haberse ido de allí son probarlo. Soy de los que piensa que el mejor arroz con leche es el que hace la abuela, y uno está dispuesto a embarcarse en una cruzada contra cualquiera que ose poner en duda dicha afirmación. No obstante, os puedo asegurar que el que pude probar allí le hace una competencia muy dura. Y no sé si se me ocurre una mejor forma de alabar su trabajo.

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Y así termina una noche para el recuerdo en ese rincón de Asturias donde uno va a buscar un ratito de felicidad. Ni soy crítico gastronómico, ni lo pretendo, por lo que tampoco aspiro a que nadie tome mi opinión como algo que no es. Mi única aspiración es divertirme y disfrutar de las experiencias que uno vive cuando viaja, y os puedo asegurar que en Casa Marcial me lo pasé realmente bien. La calidad de los platos es incuestionable, todos están a un gran nivel y algunos se quedarán grabados en mi memoria por mucho tiempo. Pero entiendo que además de lo que ya se le presupone a un restaurante de esta calidad son algunos detalles los que pueden llegar a marcar la diferencia, algunos se pueden describir y otros no, los intangibles que llaman. Por lo tanto, seré breve, si os queréis divertir alrededor de una mesa y elegís hacerlo en Casa Marcial creo que no os arrepentiréis, yo lo disfruté como un enano.

Un saludo!

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